«La memoria es un murmullo que no se puede callar»
En El abrazo postergado, una mujer que lleva una vida aparentemente serena en un pueblo del norte argentino comienza a ser asediada por una sensación persistente: algo en su historia personal no encaja del todo. Sueños que regresan con obstinación, rostros que parecen conocidos sin serlo y una presencia inesperada en su rutina cotidiana abren una grieta en la estabilidad que creía tener.
A medida que la memoria empieza a resquebrajarse, el relato se desplaza entre lo íntimo y lo histórico, entre la vida construida y aquella que fue interrumpida. Con una prosa cargada de imágenes sensoriales y una tensión que crece de manera silenciosa, el texto indaga en la identidad, la pérdida y los efectos duraderos de la violencia sobre quienes la padecieron incluso sin recordarla del todo.
Lejos del golpe bajo o la denuncia explícita, El abrazo postergado trabaja con lo sugerido, con lo que se intuye más que con lo que se nombra. La historia avanza como un murmullo que va tomando cuerpo, hasta conducir al lector hacia una revelación tan delicada como inevitable.
Un relato sobre las huellas que deja el pasado, sobre los lazos que persisten más allá del tiempo y sobre la necesidad profunda —y a veces dolorosa— de saber quiénes somos.
«Hay despedidas que duelen más que las ausencias,
y verdades que esperan décadas para ser finalmente abrazadas.»
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