Asunción #26

El Banquete de los Nadies:

Esa noche la felicidad fue una democracia absoluta. No había billetera que valiera más que un grito de gol. El que no tenía un peso se sentía el dueño del Banco Central y el que venía arrastrando las penas como una cadena, de repente, se sintió liviano como una pluma. Éramos una sola cosa, un amontonamiento de almas que no podían creer que el destino nos hubiera elegido para semejante regalo. Los infelices de siempre sonreían con todos los dientes, y el sueño, ese que nos venían prometiendo de palabra, por fin se nos sentó a comer en la mesa. Fue un momento de esos que se guardan en el bolsillo de atrás del pantalón, para tocarlo de vez en cuando y recordar que, alguna vez, fuimos inmensamente ricos.

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