Asunción #24

El Exorcismo del Césped:

Cuando el referí sopló el silbato final, se sintió un aire liviano, como si de repente hubieran abierto todas las ventanas de una casa que estuvo cerrada cien años. Los fantasmas, esos tipos que siempre nos hacían la zancadilla en el último minuto, se borraron como tiza bajo la lluvia. Algunos muchachos se desplomaron de rodillas, dándole las gracias al pasto o a algún pariente que los miraba desde el más allá. Otros, con los ojos vidriosos, buscaban a la vieja o a la patrona en la tribuna; abrazos de aire que cruzaban cincuenta metros de cancha para decirse todo sin decir ni «mu». La gloria tiene eso: te deja mudo y te pone a rezar, aunque seas un descreído.

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