«Hace algo más de dos años que iniciaste aquel intento agónico de despojarte de lo que llevás dentro para darle forma de historia. En el taller de escritura, tus visiones se fueron transformando en un lenguaje propio; fue allí donde aprendiste a escuchar los ecos de los grandes maestros y a edificar mundos con oraciones que abrían ventanas hacia otros horizontes. Cada consigna despertaba y desafiaba tu creatividad, dándole voz a personajes que, de algún modo, te habitaban como inquilinos que por fin encontraban en el papel su propio hogar.
Pero hoy… solo la hoja en blanco. Nada más. Ni una línea que parta el vacío, ni un rastro de tinta que te devuelva el reflejo de tu propia existencia…»