Sombras en la Piel (fragmento)

Vengo de un hogar humilde, donde los gastos y los diálogos eran escasos. Mis padres nunca tuvieron la oportunidad de acceder a la educación básica, pero eso no les impidió enseñarnos, con una constancia silenciosa, que el esfuerzo no se declama; se vive, se transita, se respira todos los días.

Mi padre terminó apenas el sexto grado. Después, salió a trabajar para que en la casa hubiese un ingreso adicional, mientras su hermano mayor terminaba sus estudios secundarios. Mi madre creció en el campo, en un paraje perdido entre la soledad y el olvido. Ahí, la escuela era un lujo que dependía del clima; si no llovía y los caminos lo permitían, aparecía un maestro itinerante, con el cuaderno bajo el brazo y una paciencia infinita, dispuesto a enseñarles a leer y escribir bajo la sombra de un frondoso árbol o en algún galponcito prestado.

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